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El principio del placer en el juego
Los horizontes del discurso científico son tan amplios como es imaginable que puedan serlo. No nos sorprenderemos, entonces, si confirmamos lo que nuestra imaginación ya nos hacía presuponer.
Esto es: también las motivaciones que nos llevan a sentirnos atraídos hacia las apuestas y el mágico mundo de los juegos de azar, han sido objeto de la investigación científica y, en torno a ellos, han surgido una serie de hipótesis que pretenden dar cuenta de la cuestión que nos compete.
Retomemos entonces la pregunta: qué nos dice la ciencia a la hora de buscar las razones que expliquen este fenómeno.
En principio, la evaluación de la cuestión se basa en aquellas reacciones psíquicas que se disparan a la hora de jugar.
Si tuviéramos que hacer un listado con los rasgos emotivos más fácilmente aprehensibles que involucra un proceso de este tipo, diríamos que se produce una extraña mezcla de adrenalina, ansiedad, incertidumbre y, por supuesto, placer.
Todas esas sensaciones preceden, incluso, al acto mismo de obtener el resultado del juego en el que se ejerció la apuesta. Sólo el estar sabiéndonos parte del mecanismo nos desata esas emociones.
Luego, si aislamos cada proceso de apuesta y lo consideramos en forma individual, de acuerdo al resultado que hayamos obtenido pueden generarse otro combo de reacciones, entre las cuales, sin importar que hayamos tenido éxito o no, siempre se incluirá la relajación que nos producirá al haberse develado la incertidumbre.
Podemos notar que algunas de las sensaciones que hemos involucrado como parte del proceso devienen del hecho mismo de poder obtener un gran éxito en un plazo muy corto y con un esfuerzo mínimo. Si, de acuerdo a nuestros patrones culturales y conductuales, es el trabajo el medio típico de ganar dinero, el juego se convierte entonces en un tentador y divertido atajo.

