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23rd
Muchos aficionados a los juegos de casino confían en que, utilizados en su correcta proporción y del modo adecuado, hay ciertos ritos místicos que pueden servir para atesorar la suerte, para volverla a favor del jugador y, claro está, en contra del casino. Ello ha sido así desde que existe el juego, desde el comienzo mismo de la historia de la humanidad tal como la conocemos.
Estos rituales de buena suerte, tréboles sin tiempo tan codiciados por los apostadores, han logrado siempre dejar su huella profunda en las tradiciones, en las películas, en la literatura y en otros símbolos culturales, y eso ayudó a que se perpetuaran en el tiempo, instituyéndose en formas válidas de relacionarse con el mundo del juego y del azar.
Pero tan importante como tener en favor de uno buena suerte, es ahuyentar bien lejos a la mala suerte.
Así como antaño, en la época de los piratas se consideraba a las mujeres de mala suerte arriba de un barco, también hubo un tiempo, en ciertos lugares del mundo, que las mujeres eran consideradas un mal augurio en el casino.
En realidad esto, si uno lo mira con cierto detenimiento, no indica otra cosa más que el rol que socialmente se le asignaba de modo tan rígido a la mujer, la cual debía mantenerse apegada al hogar y a las labores que allí se celebraban. Siempre hubo excepciones, pero nunca como en la era moderna, la mujer rompió esas ataduras, siendo hoy parte activa de todos los juegos de casino.