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Psicología en el Póker II
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Si no consideramos la conducta del adversario (y la nuestra) en cada momento del juego, estableciendo análisis diferenciales que nos permitan establecer patrones, síntomas, tendencias, etc. (lo cual, como vimos en el artículo psicología en el póker I, sucede en muchos deportes), estaremos dejando librado el resultado de nuestro desempeño a lo que el más puro azar nos pueda deparar, aún cuando nuestra estrategia esté basada en el más atinado cálculo probabilístico.
Y ese azar nos llevará, sin dudas, a perder la gran mayoría de las veces, puesto que nuestras chances de ganar son 1/x, entendiendo por x al total de jugadores sentados alrededor de la mesa de póker.
Es decir que si hay 8 jugadores jugando tenemos 1 posibilidad en 8 de ganar. O peor, ya que eso es solo una abstracción que no se condice con la realidad, puesto que si nuestros contrincantes apelan a estrategias de lectura de juego rival y enmascaramiento y engaño en el juego de ellos mismo, aumentarán sus chances disminuyendo al mismo tiempo las nuestras.
Si pudiéramos introducirnos en la mente de nuestros rivales y comprender, sin más, cómo opera su psiquis, eso sólo bastaría para saber cómo actuará en tal o cual circunstancia o momento del juego. Sin embargo, como eso no es posible, deberemos guiarnos por las expresiones físicas que son consecuencia de los procesos psíquicos, es decir, los síntomas. 
