14th
El laboratorio del juego
Muchas veces, podemos notar al caminar por la sala del casino que los espectadores apostados junto a una mesa de Black Jack, colocan tímidamente sus fichas junto a alguno de los jugadores sentados en la mesa.
Este es un caso que amerita ser analizado. Porque no es la misma situación que se da en un juego de dados, por ejemplo, en el que ese tipo de apuesta marginal constituye una parte fundamental del juego. No. Por el contrario, no es lo más común que alguien decida apostar a otro jugador de Black Jack.
A primera vista, salta la tensión que ello implica.
Por un lado uno podría pensar que ese comportamiento no se diferencia del de ninguna otra apuesta. Me refiero a que se trata de un juego de azar, con un resultado incierto que se maneja dentro de determinadas posibilidades y con una probabilidad calculable para cada uno de esos resultados posibles. Y que, entonces, el apostador que toma esa decisión de apostar por otro replica un patrón que es común a todo otro tipo de juego.
Sin embargo, hay otro costado del asunto que resulta turbio y es la cuestión de porqué ese sujeto que decide apostar por otro no elige, en lugar de hacer eso, sentarse él también en una silla y jugar su propia suerte.
¿Por qué atarse de repente y de ese modo a la suerte y a las decisiones de un extraño en un juego que le permitiría participar a él mismo si así lo deseara? 
