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Próceres del Casino II

proceres del casino ii 150x150 Próceres del Casino IIVolviendo al año 1891, año en que esta historia tuvo lugar, debemos decir que un día como cualquier otro, en Monte Carlo, Charles Wells ingresó al casino con la extraña confianza de quien en sus pasos seguros presiente el aire de victoria que está por venir y, aún sin saberlo, casi puede presentir que ese día no sería, en realidad, un día más.

Según dicen algunos, la racha de buena suerte que en esa noche de casino Charles Wells protagonizó, no solo no había tenido semejanza en ninguna otra que hubiese sucedido hasta ese momento, sino que nunca más se volvió a repetir.

Quizás se trate de una exageración. Sabido es que las cosas que sucedieron muy atrás en el tiempo, muchas veces pueden resultar objeto de una magnificación producto de la exaltación con que los tiempos pasados se nos hacen, en nuestras mentes, de pronto presentes. Y las historias de casino, en este sentido, no constituyen ningún tipo de excepción.

Pero, más allá de la salvedad que nos vemos obligados a introducir, no podemos más que asegurar que los resultados en el casino, esa noche, ciertamente acompañaron al gran Charles Wells.

Eran cuatro mil libras las que había llevado consigo al casino el Sr. Wells. Y el juego en el que había decidido que probaría a su suerte no estaba en discusión: la ruleta sería el juego de casino que coronaría su noche de suerte.

Su ganancia, en un primer momento, llegó a la, histórica hasta ese momento, suma de un millón de francos, una suma de magnitud por demás importante para la época. Pero no conforme, el gran Charles prosiguió y se alzó con una ganancia idéntica a la primera.

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Próceres del Casino

proceres del casino 150x150 Próceres del CasinoGrandes jugadores de casino han existido siempre. Algunos de ellos, a pesar de haber sido destacadísimos en su tiempo, no han quedado atesorados en la memoria de los que escribieron, y continúan escribiendo, la historia del casino.

Otros jugadores, por el contrario, sí consiguieron trascender su tiempo y lograron que sus nombres que transportaran simbólicamente por aquí y por allá, anclando bien hondo en las representaciones de generaciones futuras que, luego, los evocaban como una forma de mantener encendida la llama de la esperanza: el sueño de encontrar quienes hereden la difícil misión de ser capaz de hacer saltar la banca, el sueño de todo apostador.

Cómo olvidar al gran Charles Wells, un hombre que con su juego destacado y sus resultados brillantes llevó a su nombre bien alto en la memoria de quienes lo vieron desempeñarse como aficionado a las apuestas en casinos. Su mérito no fue menor. Logró que saltara una de las bancas más deseadas de todos los casinos del mundo. La de Monte Carlo.

Debemos, sin embargo, remontarnos bastante atrás en el tiempo para llegar a encontrarnos con los pasos que daba el Sr. Wells. Más de un siglo hacia atrás. Pues fue el año 1891 el que atestiguó tamaña hazaña, tan grande que casi ciento veinte años después aún persiste, cosechando nuevos adeptos, quienes la guardan en su memoria con el único afán de ser transmisores de los mitos que iluminan las principales estructuras cognitivas con las que operan los jugadores de casino, por detrás de la cual asoma, indudablemente, la esperanza de que ganar mucho dinero es perfectamente posible.