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Las matemáticas y el casino
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Si el craps se convirtió en el juego de dados que con mayor éxito creció hasta expandirse por todos los casinos del mundo (incluyendo en este concepto a los casinos físicos y a los casinos online), fue, seguramente, gracias a las posibilidades que generaban sus propias características: posibilidades basadas en la emoción, en la diversión, en la integración y en la identificación.
Roles bien definidos, reglas que admiten muchas posibilidades lúdicas, diferentes perspectivas y participaciones, aunados todos en una combinación que resulta en un juego por demás interesante.
Muchos de los amantes del casino, en la actualidad, se inclinan por juegos más analíticos, o considerados así, por estar emparentados con la lógica, con la matemática, con las estadísticas y con las leyes de probabilidad.
Los que prefieren este tipo de juegos, entonces, se inclinan o bien por la estructura rígida de la ruleta, con un mecanicismo casi arquitectónico, y toda una historia por detrás, ligada a un comienzo mismo en manos de científicos aficionados a la física y a la matemática; o bien por el black jack, el exponente numérico y probabilístico de los juegos de naipes.
Entonces, debemos advertir a nuestros amigos lectores, aficionados a los casinos, y particularmente partidarios de este tipo de juegos, respecto de las bondades de un juego como el craps, el cual no es esquivo a este tipo de interpretaciones.
En efecto, ninguno de los juegos de casino lo es, pero el craps menos que otros. El modo en que están estructuradas las posibilidades es típicamente matemático, y las combinaciones de apuestas que surgen ante el jugador, son propias de una brillantez muy matemática.

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Norman Leigh es uno de los
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