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No solo de póker vive el hombre
Algunos analistas han puesto la voz de alerta en más de una oportunidad en relación a los procesos de ansiedad que desatan las competencias. Resulta ser que cuando éstas se prolongan en el tiempo durante un largo lapso, si uno de los participantes no resiste mentalmente la presión que sobreviene, puede fácilmente verse envuelto en una espiral depresiva que neutraliza sus mejores armas (esto es, su raciocinio), y una derrota evitable no encontrará mayores obstáculos para producirse.
Veremos, sin dificultad, que esto suele suceder a menudo durante los torneos de la serie mundial de póker.
Hacia el final del torneo solo algunos pocos jugadores alcanzan los niveles recomendables de control de la adrenalina, la ansiedad y evitan, en consecuencia, la inhibición de sus capacidades y de sus facultades más básicas y elementales, indispensables para la obtención de buenos resultados tanto en un torneo de póker, como en cualquier otra actividad que implique un desempeño físico e intelectual.
Exceptuando el caso de algunos reconocidos personajes, que ya forman parte de la historia visible y no visible de este deporte (por ejemplo, Stu Ungar), una buena alimentación que prescinda de comidas chatarra, alcohol y drogas, resulta indispensable para mantener la actividad mental en un plano de alto rendimiento.
Otro factor que puede desencadenar la espiral depresiva está vinculado a la ausencia de un descanso suficiente y adecuado. No solo es indispensable acceder a cantidades de sueño normales, sino que también deben buscarse refugios para que la mente descanse en actividades distintas que permitan una correcta distensión. 
