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20th
Es cierto que durante muchos años se creyó que los juegos de azar, las apuestas y, por supuesto, los casinos, eran cosa exclusivamente de los hombres. Actividades que los hombres desarrollaban junto amigos o familiares (siempre hombres) y en las cuales las mujeres tenían muy poca o nula injerencia.
Esta noción se mantuvo muy firme durante un tiempo realmente muy prolongado. Todavía nos resulta curiosa aquella anécdota que narra la forma en que surgieron en los casinos las máquinas tragaperras, las cuales habían sido creadas, un tiempo ante, en unos bares, como una forma de involucrar a los visitantes en un entretenimiento mediante el cual, jalando una palanca, podían obtener combinaciones que les permitían, si tenían suerte ganarse algunos tragos.
Pero lo curioso, claro está, no es este detalle, sino el que narra cómo fue que unos administradores de unos casinos en Las Vegas pensaron en llevar a las máquinas tragaperras hacia sus casinos. El objetivo que perseguían era el de proveerles un juego a las novias, a las amigas y a las esposas de los apostadores que participaban en todos los demás juegos, es decir, la ruleta, el blackjack, el póker, el baccarat, los dados, etc., y si por algo habían elegido a las tragaperras para convertirse en un juego de casino para mujeres, había sido precisamente por su sencillez.
Eso era lo que buscaban, pues, un juego sencillo en el que las mujeres pudieran también divertirse. Claro está que el tiempo hizo que las mujeres apostaran también en todos los demás juegos y que las tragaperras fueran un juego absolutamente universal.