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Esencia del Juego de Casino II
Si el póker clásico de cinco cartas no logra una perfecta adaptación al casino, una adaptación ideal al estilo de la ruleta, de los dados o del blackjack, se debe, además de los argumentos que ya hemos esgrimido, a que toda la interacción se desarrolla entre los propios jugadores, quedando fuera de lugar algún tipo de participación por parte de la banca, fiel representante de casino en todos los juegos.
Este problema suele subsanarse mediante la implementación de un porcentaje que retiene el casino ante cada bote que se forma y que finalmente es ganado por alguno de los jugadores. Pero esta modalidad genera una disrupción. La lógica implícita en cada juego de casino es que si gana el jugador, el casino pierde. Y si el casino gana, es el jugador quien pierde.
Si analizamos los juegos de casinos clásicos que mencionamos, e incluso otros más, veremos que esto ocurre así. Hay una banca en el blackjack, contra la que compite el jugador. Lo mismo sucede en la ruleta y en los dados. Y las máquinas tragaperras, si bien no tienen banca, se bastan a sí mismas para representar al casino. En una mesa de póker, el casino siempre ganaría, y sería a costa, incluso, del propio jugador que había ganado.
No es que lelo no pueda darse. Pero por lo general funciona mejor cuando se organizan torneos. Al quedar fuera del espectro de los jugadores los demás juegos de casino, esa inflexión que el póker realiza sobre sí mismo, opera con mayor naturalidad. Lo mismo puede argumentarse respecto de juegos de póker como el Texas Holdem o el Omaha.
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